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Posición del Analista

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La clínica psicoanalítica se caracteriza, se distingue en aquello que el operador -el analista- está incluído en la experiencia, forma parte de ella, no es un observador. Es en esto que podemos notar, reiteradamente, cómo el analista se resiste de tener que ocupar ese lugar de infierno, de angustia, donde pierde hasta su nombre para convertirse en eso que hace parte de la estructura del analisante.
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Ahora bien, como la estructura es de tres heterogéneos anudados, la transferencia entonces se manifiesta en los tres niveles: Imaginario, Simbólico, y Real. Y si somos conscientes con las teorizaciones que parten del nudo borromeo, en ningún caso los efectos transferenciales se manifiestan en un sólo registro sino en los tres, ya sea el amor tanto como el odio, como la suposición de saber, etc. Bien, hay un punto, aquél donde colocamos el "a", lugar del calce de los 3 que despierta nuestro interés.
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La asociación llamada libre, supone que en algún lado hay un saber, un saber que no se sabe, y el analisante, en tanto que está dispuesto a cumplir con esta regla fundamental, está en transferencia positiva, no tanto porque nos ama sino porque asocia, es decir, que asocia en tanto nuestra presencia no le hace de obstáculo. Sin embargo el analista está allí para provocar estas asociaciones que sin duda son para él.
Esto quiere decir que se trata de una relación compleja y el ideal psicoanalítico no apunta sólo en el sentido del saber del inconsciente, ya que aunque la presencia del analista a veces no se hace excesivamente manifiesta, sólo se produce el saber en tanto, el analista pueda escucharlo.
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Se ha puesto, desde Freud, el acento en esta regla fundamental. Sin embargo acompañamos a ésta con la invitación a acostarse; Lacan nos dice que no hay nada mejor que esto; por supuesto, el beneficio no se puede determinar de antemano. Pero se han hecho muchas elucubraciones con respecto al acostarse, desde la relajación hasta evitar lo imaginario del cara a cara, etc. En el texto que he mencionado antes, Lacan dice que el acostarse tiene relación con lo real, importa a lo real y en especial porque en la cama, dice, es donde el ser humano acostumbra a hacer el amor.
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La transferencia, por lo tanto, no es sólo saber sino también es presencia, justamente allí donde el saber desfallece, presencia del analista, cierre del inconsciente. Recordemos lo simbólico como el agujero, lo imaginario como la consistencia, y a lo real como ex-sistencia, al dicho.
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Es en el momento en que el discurso del analisante se vuelca manifiestamente al analista, es a ese nivel en nuestra práctica en el que debe revelarse qué es lo que pasa en ese punto nodal, qué es lo que pasa allí donde la pulsación inconsciente está ligada a la realidad sexual. Es allí que se anuncia el aforismo lacaniano que dice: transferencia puesta en acto de la realidad sexual del Inconsciente. Si en algún lugar es posible esperar el encuentro, el mal encuentro, el encuentro siempre fallido, ese punto nodal es el de la transferencia.
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El analista ocupa entonces la posición de semblante de a, es decir, repetición del encuentro siempre evitado, de la posibilidad siempre fallida, del encuentro imposible.
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No basta con que el analista decline su lugar de saber, debe asumir su posición en la transferencia, cómo decirlo, hacerse objeto, producir el acto que estaba siendo producido.
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Una histérica a la cual su marido acaba de dejar por otra va a consultar a un analista. ¿Qué hay en esta demanda de análisis?. Seguramente un intento de restituir su lugar de mujer que nunca ocupó, ella siempre fue frígida. Sin embargo lo que esta separación produce, es el derrumbe de lo que ella era, en tanto que su lugar de mujer estaba soportado por ser la mujer de ese hombre con quien no sentía nada.
Ella quiere que el analista no sólo le diga que ella es una mujer, quiere sentirlo, y para eso busca un analista hombre, a ella ese analista le hacía semblante de hombre.
Cuando se acostaba en el diván ella temblaba y se ponía rígida, finalmente terminaba por hacerse la nenita llena de fantasías de ser una mujer, una mujer de película. Ella sólo podría hacerse la artista.
Por lo demás, en el nivel en que esta histérica se encontraba, si se topaba con un hombre que la deseaba sexualmente, cosa que ella evitaba más allá de lo que decía. Si no le quedaba más remedio que estar acostada con un hombre ella se seguiría resistiendo de la única manera que entonces le quedaba, es decir, no sintiendo nada, resistiéndose de ocupar esa posición de mujer, es decir de innombrable, de lo que la hacía temblar.
Es frente a esto que la histérica retrocede.
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El acto analítico se sostiene, y a esto llamo interpretar en la transferencia, cuando el analista por el discurso del analisante es llevado a presentificar el a, el objeto causa, haciendo él mismo las veces de objeto a, interviene en ese momento preciso, produciendo su acto, es decir que con su decir, que le viene de su analisante produce letra y al mismo tiempo su caída.
Es allí donde atravesamiento del fantasma e identificación al síntoma se conjugan, y esto porque el discurso del analista anuda fantasma y significante:
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a -----------> S
S2 S1

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BENJAMIN DOMB
LA CLINICA PSICOANALITICA: POSICION DEL ANALISTA
EN:
"Más allá del falo...". Bs. As., Lugar Editorial; 1996.
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