Ir al contenido principal

Inconsciente: discurso del Otro.

.
.

.
Señalaré que la noción que se pueda tener, por aproximada que sea, de que el YO en Lacan es un objeto imaginario en el que el sujeto se aliena y cumple para el mismo función de desconocimiento, que el SUPERYO es una voz que ordena gozar, y el ELLO lo que puede ser reducido a una gramática, deben bastar para comprender que estos términos no podrían tener con los que en Freud fijan su referencia en presuntas “instancias de la personalidad psíquica” otra relación que de homonimia. Lo mismo se puede decir para el inconsciente, en Freud un aspecto o parte de una “realidad psíquica” de la que Lacan prescinde en su nudo interpretándola como “religiosa”.
-
Para Lacan el inconsciente es ante todo discurso y no instancia de ninguna tópica en definitiva esférica, y discurso del Otro, genitivo objetivo, y que tiene su destinatario en el analista — es decir una exterioridad en modo alguno complementaria de ninguna interioridad. Añado que el inconciente, concepto y no sustancia ni realidad “metapsicológica”, es concepto forjado sobre la huella de lo que opera para constituir al sujeto (noción ausente en Freud cuya teoría de la representación no podía hacerle lugar) en tanto efecto del lenguaje.
.
Las consecuencias clínicas se deducen inmediatamente de una breve y tajante precisión de Lacan en su Seminario De un Otro al otro: no hay teoría del inconciente como tal, hay teoría de la práctica analítica.
.

Ricardo E. Rodrìguez Ponte
EL INCONSCIENTE EN FREUD Y EN LACAN
Comité de Redacción de los Cuadernos Sigmund Freud
Escuela Freudiana de Buenos Aires.
MARZO, 2006.-
.
.

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores