Deseo de Analista

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Z. E.: ¿Cómo se entiende esto de la libertad?
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I. V.: No poniéndoles a todos los pacientes el corset obsesivo que yo me inventé para trabajar. No todos los pacientes pueden acomodarse al corset anglosajón de no llegar un minuto más tarde o, si pide cambio de horario, tener que interpretarlo. En algunos casos es válido, y en otros es querer meter allí todas las estructuras.
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Z. E.: En relación al concepto de contratransferencia, ¿cuál es el otro aporte de Lacan y cuáles sus incidencias prácticas?
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I. V.: Lacan critica el concepto de contratransferencia para conmover la posición del analista que quiere ponerse al margen de los efectos de los cuales él es responsable. Lacan habla sólo de transferencia. Cuando uno decide aceptar un paciente en análisis, suponer que el paciente cambia y el analista resulta indemne es una ingenuidad. Hablar sólo de transferencia, es decir, que ambos -analizante y analista - estamos en la misma sartén permite estar atentos a los efectos que eso provoca en nosotros. Reconocer que el psicoanálisis es una práctica imposible. Una práctica que tiende a centrifugar al analista de su lugar. El embudo de las palabras de nuestros pacientes conduce, en última instancia, a sexo y muerte. Soportar eso no es fácil para nadie, ni siquiera para el analista. Lacan sustituye el concepto de contratransferencia por el de deseo del analista. El beneficio de esto es "ético". Que el analista no se desentienda de su implicación. El arte del analista es ver qué hace con eso que el discurso del paciente le provoca: Si aceptó un análisis que se haga cargo (como dijo Freud) de "la caja de Pandora".
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Entrevista a ISIDORO VEGH
De: Demetrio Lopez y Flavia Torricelli
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