Transmisión de Sentimientos

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Julio César Puppo, llamado El Hachero, y
Alfredo Gravina, se encontraron al anochecer,
en un café del barrio de Villa Dolores.
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Así, por casualidad, descubrieron que eran vecinos:
-Tan cerquita y sin saberlo

Se ofrecieron una copa, y otra.
-Se te ve muy bien.
-No te vayas a creer.
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Y pasaron unas pocas horas y unas muchas copas
hablando del tiempo loco y de lo cara que està la vida,
de los amigos perdidos y los lugares que ya no estàn,
memorias de los años mozos:
-¿Te acordàs?
-Si me acordarè.
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Cuando por fin el café cerrò sus puertas, Gravina
acompañó al Hachero hasta la puerta de su casa.
Pero después el Hachero quiso retribuir:
-Te acompaño.
-No te molestes.
-Faltaba más.
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Y en ese vaivén se pasaron toda la noche.
A veces se detenían, a causa de algún súbito recuerdo
o porque la estabilidad dejaba bastante que desear,
pero en seguida volvían al ir y venir de esquina a esquina,
de la casa de uno a la casa del otro, de una a otra puerta,
como traídos y llevados por un péndulo invisible,
queriéndose sin decirlo y
abrazándose sin tocarse.
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Eduardo Galeano
Crónica de la ciudad de Montevideo.
El libro de los abrazos.
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