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Mostrando entradas de marzo 26, 2017

Novecento y el barco que no navega hacia el deseo.

Los poetas saben resumir en pocas líneas lo que por décadas el psicoanálisis viene pregonando: que el neurótico huye de su deseo. Freud lo bien pensó en el “sueño del salmón ahumado”o “de la bella carnicera”. Lacan lo llamó “metonimia de la falta-en-Ser” o “el goce de la histérica”: tener un deseo insatisfecho. Así es como se define un neurótico. Un neurótico no analizado, un neurótico desamarrado que no puede elaborar –culpa mediante- la definición de lo que lo causa y hacerse cargo de ello. Un neurótico que por sostener su imagen –o, a la criolla, su orgullo- es capaz de renunciar a su mismo deseo. Deseo que se le presentifica -como en el film ya analizado: A Monster Calls- como una verdadera odisea a navegar. 
Ese neurótico vive en un barco; como Novecento; el personaje que Baricco nos creó para que ilusionemos que estamos leyendo una sátira. Pero el drama del personaje no prescinde de un autor que ha pasado por el diván y que conoce perfectamente el goce por el cual el sujeto queda…