Ir al contenido principal

Trieb : Pulsión de Muerte


.


.

"Otra persona, entre ustedes, otra mujer, a quien quedo reconocido, me hizo observar que "rebrote", "retoño", es la acepción principal del término TRIEB. De eso nos habla, en efecto, Lacan, y esa observación es una prueba más indiscutible. Nos dice que el deseo, pura nada, tiene el peso de su articulación con la pulsión. La tal pulsión quedo un poco equìvoca, pero la imagen, acá, alude intensamente a un resto que aspira a la vida, un resto justamente vivaz, que insiste, que persiste en una sobrevivencia. No es el golpe de la poda. Es lo que, por el corte de la poda, ahí rebrota con vivacidad. Es una complicación, pero no podemos dejar de reconocer que por ese sesgo la imagen toca las metáforas más usadas para el amor. 

Un rebrote, un retoño, hace signo de amor. Recuerden a Antonio Machado: "A un olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido..." (...) El poeta, también herido por el rayo, quiere anotar en su carpeta la gracia de esa rama verdecida. "Mi corazón -nos dice- espera también hacia la luz y hacia la vida otro milagro de la primavera." Esos milagros de la primavera son metáforas del amor. 

Me dirán que ahora fuerzo las cosas para articular el amor a la pulsión. ¿Por qué no? Tampoco me asusta esa herejía. Lacan, en el Seminario X, en relación a la posición de analista de Lucy Tower, nos habla de amor-sublimación. Esa expresión es un cortocircuito, pero no la inventé yo. Lo importante es observar que por el golpe del significante cavando su agujero, pulsión de muerte como tal, acepto que no hay otra, brota también la pulsión en una dirección enigmática por la que puede hacer de signo de amor, y que ese brote da su peso al deseo."
.

JUAN CARLOS INDART
Problemas sobre el amor y el deseo del analista.
Sexta Conferencia.
Manantial Presencias Ediciones.
Buenos Aires, 1989.

ARTE:
Gustav Klimt
Muerte y Vida
1916

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores