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Mostrando entradas de junio 9, 2009

S e d a ( I )

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Hervé Joncour entró en Lavilledieu nueve días más tarde. Su mujer Hélène vio de lejos la carroza subir por la alameda. Se dijo que no debía llorar y que no debía escapar. Bajó hasta la puerta de ingreso, la abrió y se detuvo en el umbral. Cuando Hervé Joncour llegó cerca de ella, sonrió. Él, abrazándola, le dijo quedo -Quédate conmigo, te lo ruego. Esa noche se quedaron despiertos hasta tarde, sentados en el prado delante de la casa, uno al lado del otro. Hélène le contó de Lavilledieu, y de todos esos meses pasados esperando, y de los últimos días, horribles. -Estabas muerto. Dijo. -Y no quedaba nada hermoso en el mundo. . . Alessandro Baricco; Seda Dibujo; Javier Termenon. .
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