Jacques Lacan. El analista y su desviación. El Padre.





Últimamente me llegaron algunos correos con ciertos temas cuyo eje en común tienen a la función del analista y a la función del Padre. Creo que no es casual que ambos destinos se ecuacionen. El otro día con una colega decíamos de las paradojas neuróticas: los sujetos buscan Padres, cierto: quién más, quién menos. Algunos incluso con premeditación y alevosía, porque no pueden “salir” nunca del fantasma de niño que los toma. Pero claro: después se rebelan, lo destituyen y quedan nuevamente merced de la orfandad que responde ­–obviamente- al goce imperativo que el fantasma coagula.

El desamparo al que el neurótico se ofrece, victimizándose, lo deja a merced de la mortificación pulsional que lo recicla nuevamente en la búsqueda del Padre, y así su ruta de desvalidamiento-ofrecimiento-caída del Otro, que no es más que lo que Lacan sentenció en el sintagma-histérico: “Busca un Amo para Reinar sobre él. Ella reina y él no gobierna.” Esto demuestra claramente cómo el Padre es un significante que dona el otro (un niño, por ejemplo; o un alumno) y que si bien el sostén de la función depende de él, es ese otro que fallará la aventura del vínculo. Por eso es posible elegir analistas (o profesores, o lo que sea…). El S1 (Significante Llave-Amo, y clave de lo inconsciente, como en un pentagrama musical) abre el proceso –vía transferencial- que se inicia con el llamado a un Padre. Independientemente, es obvio, del sexo anatómico del analista. Y, como digo a veces, esta es la función primordial que el Horror al Acto (del analista) muchas veces escamotea. Por eso creo importante entender –y citar aquí porque viene al caso- la cuestión del analista cuando porta la palabra (como Lacan lo señala en la Dirección de la Cura). Y por eso a veces no se entiende cómo algunos analistas-mudos crean que un Padre puede callarse o no señalizar o incluso “tirar una pista” cuando el dispositivo lo demande. De padres mudos y padres fuertes estamos invadidos en los casos clínicos: padres que han derivado en hijos hiper neurotizados, sin habilitación, deprimidos al extremos, inhibidos sociales o –al contrario- rebeldes-way.

Finalmente: lo que no se pudo ni se puede escribir –por impotencia, por narcisismo, por falta de castración, en (la historia de) el fantasma, el neurótico lo suele grabar en otros cuerpos (la anatomía, un lienzo, un papel, etc.); por eso también en esta Conferencia, Lacan nos recordará la deuda, e incluso la verdad del trazo, a partir del escrito: letra que Lacan señalizara como el “litoral entre saber y goce”.

Recordemos, como dijimos alguna vez, que de un Padre nunca se puede prescindir: retorna en los síntomas (los casos paradigmáticos de fobia analizados por Freud dan detallada cuenta de esto), en los actings, en la enfermedad. El neurótico que rechaza al Padre –al padre que obviamente no sólo sostiene, sino que además ronca –o grita, o patalea-, que además pide, y que por sobre todo trasmite una Ley- también queda dividido, muy a su pesar engañoso. Por eso “de un padre se puede prescindirse a condición de servirse de él”, entendiendo obviamente por “servirse” el modo tangencial con que el neurótico debe aceptarlo y –sine qua non- aceptar la castración. De lo contrario, no (le) sirve.



Lo que suele suceder en la última década que el imperativo de gozar (sin pasar por la supuesta castración) hace que los niños-neuróticos tengan padres para usar, y no para “servirse de”. Y en paralelo, porque de lo que se trata es de gozar sin límites, hacerle pito-catalán a esos padres-títeres con objetos de reemplazo (no sólo gadgets sino otros “padres”) y entonces deambular siempre y cíclicamente entre el amor-a-sí-mismo y la frustración. El tango lo dice así: “la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser”: el falo del Otro.

Marcelo A. Pérez
Analista y función Paterna
07 - VII - 2016






En el análisis hay al menos, es necesario decirlo, ciertos resultados. Esto no es siempre lo que se espera: es porque uno se equivoca en esperar; esto es lo que hace la dificultad de ser analista. Los analistas, he tratado de especificar de ellos algo, que he denominado el discurso analítico. El discurso analítico existe porque es el analizante quien lo sostiene... felizmente (hereusement). Existe la hora (heur), la hora (l'heur) que es algunas veces una buena hora (bon-heur) de haber encontrado un analista. Eso no ocurre siempre. A menudo el analista cree que la piedra filosofal -si pudiera decirlo- de su oficio, consiste en callarse. Lo que yo digo sobre eso es bien conocido. Después de todo es un error una desviación, el hecho que los analistas hablen poco. Ocurre que Yo hago supervisiones. No se porqué se ha llamado a eso supervisión. Eso es una superaudición. Quiero decir que es muy sorprendente lo que les ha relatado un practicante, -sorprendente que a través de eso que él les dice, se pueda tener una representación de aquel que está en análisis-, que es analizante. Esta es una nueva dimensión. Hablaré en un momento de ese hecho. La di-mensión , que yo no escribo como se la escribe habitualmente en francés. Lo mejor es que haga un esfuerzo y les muestre como la escribo: di-mensión (dit-mensión).

Es así como la escribo di-mensión ... (dit-mensión...), mensión es decir -en inglés eso se comprende- mención (mention) el lugar donde reposa un dicho.

Entonces el analista al menos, tiene cosas que decir. Hay cosas que decir el analizante, a aquel Que, por lo menos no está allí para afrontar el simple silencio del analista. Lo que el analista tiene que decir es del orden de la verdad. Yo no se si ustedes tienen a la verdad como algo muy sensible. Quiero decir: si tienen una idea de lo que es la verdad.

Lo que yo llamo discurso está en referencia con un lazo social. El análisis es de este orden. Con la única excepción que, como es muy nuevo, porque después de todo no data de tanto tiempo, él comporta un pacto. Un analizante sabe que el analista lo esperará un cierto número de veces por semana y en principio él debe prestarse a ello. Si no el analista -aún si él no ha venido- reclamará honorarios. Naturalmente eso implica que el analista también tiene deberes. El debe estar allí. A partir de cuándo comienza la verdad? Comienza a partir del momento en que uno emplea frases. La frase es un decir. Y ese decir es el decir de la verdad.

En alguna parte yo no sólo he dicho sino que he escrito que hay un matiz...hay mas que un matiz, hay una montaña entre el decir y el escrito. La prueba es que la gente se cree mucho mas segura de una promesa cuando ellos tienen lo que se llama un papel. Un papel que es por ejemplo, un reconocimiento de deuda. Ese papel da soporte a la verdad de la promesa. Se ve mal que alguien diga: "este escrito no es mío". En todo caso es a partir de aquel momento que intervienen los expertos, a sabor, grafólogos, que dicen: "si es precisamente esa escritura". Lo que prueba que una escritura también tiene algo de individual; pero la escritura no ha existido siempre.


Es sostenible decir que la verdad tiene una estructura de ficción. Esto es lo que normalmente se llama el mito -muchas verdades tienen una existencia mítica- es precisamente en eso que no se la puede agotar, decirla toda. Es lo que yo he enunciado bajo esta fórmula: de la verdad no hay mas que medio decir. A la verdad se la dice como se puede, es decir en parte; sólo ahí donde yace la dificultad, es que es necesario hacer sentir a aquél que está en análisis que esta verdad no es toda, que no es verdadera para todo el mundo, que ella no es -esta es una vieja idea- que ella no es general, que ella no vale para todos.

¿Cómo es posible que haya analistas? La cosa no es posible mas que por el hecho que el analizante recibe la condición -si puede decirse- de observar una regla, de no decir más que lo que él puede tener que decir, que aquello que él tiene como muy importante (tient a coeur) , como se dice en francés . Lo que es hacer eco, pero no porque algo es un eco que está especificado; lo que es hacer eco a una muy vieja idea de lo que era el centro del ser llamado humano -aquel que se llamaba anthropos. El centro era el corazón -tymos- ¡es así al menos como se lo designaba!; lo que estaba bajo el corazón era epitymiano. Pero esta era una concepción que daba al hombre un privilegio. Había dos especies de hombre: aquel que se especificaba por ser de una polis -...lambda, iota,sigma - por ser un ciudadano, sólo aquél era un ciudadano de pleno derecho. Seguramente todo esto se ha embrollado. Sin embargo, a través de diferentes estructuras la relación llamada política continuó existiendo. Al menos ella existe mas sólidamente que cualquier otra.

Yo he franqueado el camino a algo que he llamado el decir de la verdad. El analista ha advertido, antes que el postulante entre en análisis, él le ha advertido, que debe decir todo; ¿qué quiere decir todo? Eso no puede tener sentido. No puede querer decir más que decir cualquier cosa. De hecho es lo que ocurre. Es por allí que uno entra al análisis. Lo extraño es que ocurre algo que es del orden de una inercia, de una polarización, de una orientación. El analizante (si el análisis funciona, avanza) llega a hablar de un modo cada vez mas centrado sobre algo que después de todo se opone a la polis (en el sentido de ciudad) esto es, a saber, sobre su familia particular. La inercia que hace que un sujeto no hable, mas que de papá o mamá es, al menos, un asunto curioso. Decir cualquier cosa; es curioso que se siga esta pendiente, que eso haga, termine por hacer como el agua, por hacer un río, un río de retorno a aquello por lo cual uno se sostiene en su familia, es decir, por la infancia. Se puede decir que allí se explica el hecho de que el analista no interviene más que con una verdad particular, porque un niño no es un niño abstracto. El ha tenido una historia y una historia que se especifica por esta particularidad : no es la misma cosa haber tenido su mamá y no la mamá del vecino; lo mismo para su papá.

Un papá no es totalmente eso que uno cree. No es forzosamente aquel que ha hecho a una mujer aquel niño. En muchos casos no hay ninguna garantía, siendo dado que a la mujer después de todo le pueden ocurrir muchas cosas sobre todo, si ella tiene un poco de arrastre. Es por eso que papá no es enteramente forzosamente aquel que es -es el caso de decirlo- el padre en el sentido real, en el sentido de la animalidad el padre es una función que se refiere a lo real. Ello no impide que lo real del padre sea absolutamente fundamental en el análisis. El modo de existencia del padre tiende a lo real. Este es el único caso en que lo real es más fuerte que lo verdadero. Digamos que lo real también puede ser mítico. El no impide que, por la estructura, sea tan importante como todo decir verdadero. En esta dirección está lo real. Esto es muy inquietante. Es muy inquietante que haya un real que sea mítico y es precisamente por eso que Freud ha mantenido tan fuertemente, en su doctrina, la función del padre.


Jacques Lacan

[ Paris, 1901 / 1981 ]
Le Symptôme. Conferencia dictada en la Universidad de Columbia.
Fragmento.
1º / XII / 1975 
Publicada en lengua francesa en Scilicet nº 6/7, 1975, pp. 42-45.
[ Las negritas son mias. MAP. ]
ARTE:
Leonardo Yosovitch

Entradas populares