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Mientras se cocina el Saber...






Creo recordar haber leído una historia sobre budismo en la que se acentuaba la rareza del acontecimiento de la iluminación. Parece ser que Buda se reencarna una vez cada no sé cuántas muertes de Brahma y que un requisito indispensable para ello es que la sombra de la anterior reencarnación, esto es, el Dahrma, haya desaparecido de la faz del mundo.
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Según esto, las enseñanzas de Buda serían, paradójicamente, un impedimento para la eliminación del sufrimiento humano, debido quizás a que tales enseñanzas son ya siempre la traducción imperfecta de cierto ímpetu inefable, cierto modo de ser, que sería la verdadera llave para detener la gran rueda del nacimiento y la muerte.

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La secta Zen Soto, fundada por Dogen Zenji alrededor de 1233, nacerá a raiz de un proceso de decadencia o degeneración en donde el Dahrma se había visto corrompido al mezclarse con formas que le eran extrañas y que habían ocupado los espacios que separaban las lineas del texto haciendo más difícil la decantación de su esencia.

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Como dirá más adelante el maestro zen Kodo Sawaki: "Sesshin sin juguetes", "Shikantaza", tan sólo sentarse, no es más que eso. Otro maestro Zen, Shunryu Suzuki, quién difundiría las enseñanzas del budismo Zen en norteamerica a partir de 1959, defiende la importancia de lo que llama "Beginner's Mind", literalmente " mente del principiante", haciendo de nuevo eco esa necesidad de cierta frescura no mediada por la teoría ni por los "juguetes". La falta como condición sine qua non para poder alcanzar la budeidad.

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Vemos cómo la experimentación ha de guiar toda praxis y que el Dogma, no sin cierto riesgo de quedar atrapado en él, podría servir como una herramienta pero nunca como un fin en sí mismo. El Dogma es ya siempre el resultado de aquello que se resiste a ser conceptualizado y que, si de algún modo consigue salir a la expresión, será en forma de Koan, de grito o del sonido de la madera a la salida del sol. Leer al río, a la flor, a la serpiente y a la montaña siempre entre líneas. 

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Apropiarse de las fuerzas que se declinan, que caen y se ocultan en el producto. ¿No es el deseo de todo maestro digno de este nombre enseñar a pescar para poder, entre tanto y tanto, echarse una siesta bajo la platanera y ser despertado por el aroma a brasas y a pescado?
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Difícil es la labor del maestro, y difícil la del alumno.
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Alejandro Henriquez Perera
Spoiler Alert
[España]
ARTE:
Clara Padovani
Brasil

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